(Selección de Josep Valls).

Que no gane la humillación

. domingo, junio 15, 2008

Por Leticia Rebeca Gasca. Hace tiempo, reflexionamos acerca de aquellos indicadores que no han sido considerados dentro de los índices para medir la pobreza.
Y entre los indicadores faltantes, la pena y la humillación que experimentan las personas que viven en pobreza, son parte fundamental para comprender y erradicar a la misma.
Adam Smith, lo denominó “the ability to go about without shame”, ya que estos sentimientos pueden constituir en sí una barrera que perpetúa las condiciones de marginación.
En “Las voces de los pobres”, un estudio del Banco Mundial, son los hombres y mujeres que viven en esta condición quienes hablan del tema. Así, personas de 60 países narran sus vivencias, experiencias, sueños, anhelos y realidades.
Entre ellas destacan las sensaciones que experimentan al recibir apoyos especiales ó al ser identificadas con un segmento de la sociedad que se relaciona con atributos negativos. En muchos contextos, la pobreza se relaciona con la flojera, incompetencia y crimen.
Además, la pena y la humillación inciden en el bienestar psicológico. La pena, por ejemplo, se relaciona con la baja autoestima y la carencia de relaciones interpersonales fuertes. La humillación, por otro lado, se asocia con bajo rendimiento escolar y discriminación.
Pero, ¿en qué consiste esta relación de la pena y la humillación con la dificultad para salir de la pobreza?

Por ejemplo, cuando es difícil conseguir un empleo formal y bien remunerado a causa de discriminación originada por la condición social, se genera un círculo vicioso, donde será imposible conseguir un buen trabajo mientras se siga viviendo en condiciones de pobreza.
Y lo mismo puede ser ejemplificado en ocasiones con respecto a la educación, así como a los servicios legales y de salud. En muchos países, la calidad educativa que se brinda en zonas de bajos recursos es inferior al nivel promedio.
Como comenté anteriormente, a pesar de la importancia de ambos indicadores aún no se han desarrollado métodos cuantitativos para medir su impacto en la población.
Sin embargo, Ophi, la iniciativa de la Universidad de Oxford para el combate a la pobreza, considera que la pena y la humillación originada a raíz de la pobreza puede ser medida analizando la propensión a sentir pena a causa de la pobreza, la percepción de recibir un trato irrespetuoso ó injusto a causa de la condición social ó si ésta afecta las oportunidades de encontrar un empleo ó acceder a servicios educativos, así como los niveles de acumulación de la humillación.
Y así como vale la pena diseñar las metodologías que permitan medir estas variables, también es fundamental que las decisiones que tomamos día a día no perpetúen el círculo vicioso de la pobreza con la humillación, pena y discriminación.

1 comentarios:

patricia dijo...

Gracias por la información, Leticia. Creo que estos estudios son muy importantes ya que van al fondo de las limitaciones que impone la pobreza. Aunque las carencias materiales son importantes, hasta que uno mismo no sale mentalmente de un círculo vicioso es difícil que otros lo saquen.