Por Leticia Rebeca Gasca. En ciertas regiones, es aún común enterarse de acontecimientos que no hacen más que mostrar la intolerancia y el atraso de la sociedad.
Por ejemplo, el asesinato de dos jóvenes mujeres de Oaxaca, que trabajaban como locutoras en las radios comunitarias y su único error fue divulgar los derechos humanos de las mujeres.
También están los crímenes de odio por homofobia, por ejemplo cuando dos adolescentes mataron a pedradas a otro, “porque les molestaba su homosexualidad”.
Asimismo, y a pesar de los avances que logró México durante la Conferencia Internacional sobre VIH que se realizó en el país, aún se sostienen grandes prejuicios sobre el tema en la vida familiar y social.
Sin embargo, hace tiempo no sentía la impotencia que experimenté al conocer los resultados de la Primera Encuesta Nacional de Exclusión, Tolerancia y Violencia en Escuelas Públicas de Nivel Medio Superior, realizada en México. La encuesta se aplicó a 13,104 estudiantes de entre 15 y 19 años.
Es preocupante que 54% manifestó que no le gustaría compartir clases con estudiantes que viven con VIH, mientras que 52.8% desaprobó convivir en el aula con homosexuales, y 51.1% con personas con discapacidad.
Además, cuatro de cada 10 no aceptaría tener un compañero ó compañera indígena, ni tampoco de ideas políticas diferentes o religión distinta.
Tampoco es posible ignorar la información que arroja la encuesta en torno a la violencia. Destaca el hecho de que 16.3% aseguró que la violencia forma parte de la naturaleza humana, y 13% considera que los hombres les pegan a las mujeres por instinto.
No obstante, podemos dar una lectura más positiva a la encuesta. Por ejemplo, 47.2% de los y las estudiantes acepta convivir con personas homosexuales. Probablemente, hace una década no se hubiera presentado ese índice, y hace dos décadas no se hubiera siquiera realizado la pregunta.
Es innegable el avance de la tolerancia: las minorías se organizan, marchan, exigen a las autoridades y desafían el racismo. Pero esa es una labor, que toda la población debería realizar, los avances en materia de discriminación y exclusión no han sido suficientes.
Sin embargo, para dar un paso aún mayor es necesario enfocarnos en las generaciones más jóvenes, forjando en su mente un espíritu crítico e incluyente, donde no se cuestione el hecho de que somos iguales en dignidad y que las diferencias nos enriquecen.
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¿Juventud excluyente, intolerante y violenta?
Sorprenden en México las cifras del consumo responsable
Por Leticia Rebeca Gasca. La frase “Las cosas caen por su propio peso”, indica la inseparable relación causa-efecto, que bien puede ser aplicada para la RSC.
Conocemos empresas que continúan sin involucrarse en la RSC, ya que la consideraron una moda, un gasto ó hasta un riesgo.
Sin embargo, la primera necesidad de toda empresa– la supervivencia, cada vez convence a más organizaciones de que ser responsables y sustentables vale la pena. Y es que una empresa no puede sobrevivir sin las personas que consumen sus productos ó servicios, que afortunadamente, cada vez son más conscientes del poder de su compra.
El 4° Estudio sobre las actitudes del consumidor frente a la RSE, de Vivian Blair & Asociados y Latin America Marketing Consultants se aplicó en las principales zonas urbanas de México. La encuesta reveló que 40% de la población encuestada (sobre todo, entre 18 y 39 años) considera que es importante que el producto apoye una causa social.
Asimismo, 61% considera que con la compra de productos que apoyen causas sociales se logran cambios importantes, y 77% pagaría un incremento en el precio de productos que apoyen alguna causa social.
Las empresas no pueden permanecer indiferentes ante las cifras del estudio. Por ejemplo, 37% manifestó estar dispuesto a cambiar de marca si ésta apoyara una causa social, e incluso 41% cambiaría la tienda donde siempre ha comprado, por otra que apoye causas sociales.
Sin embargo, prevalece la confusión, ya que 30% considera que la RSC es únicamente apoyar causas sociales, 21% cree que es cuidar el bienestar de quienes en ella trabajan y 17% que las empresas no dañen el medio ambiente.
Asimismo, 14% no ve en las causas sociales apoyadas una acción de fondo, sino de imagen e intereses propios (imagen y pago de impuestos).
El 49% opina que el gobierno debe ser el principal involucrado en apoyar causas sociales, mientras que el 28% considera que son las empresas y el 23% que es la ciudadanía.
Personalmente, yo creo que todos y todas jugamos un rol primordial… aunque sí creo que entre los tres pilares antes mencionados, uno tiene mayor influencia y siempre generará un impacto mayor.
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Responsabilidad + Sustentabilidad = ¿RSE 2.0?
Por Leticia Rebeca Gasca. Recientemente conocí al doctor Wayne Visser, Director de la organización británica Corporate Sustainability & Responsibility, quien ha conjuntado el conocimiento del tema con sus estudios en mercadotecnia para crear el término “CSR 2.0”, con el cual indica una evolución en la responsabilidad social.
Por CSR 2.0 Visser se refiere a “Corporate Sustainability and Responsibility”, lo que define como:
“la búsqueda de los negocios por la sustentabilidad económica, humana, social y ambiental mediante la responsabilidad financiera, laboral, comunitaria y moral”.Evidentemente, la visión de la responsabilidad social de Wayne Visser, proviene de un contexto en el cual quien consume toma conciencia de su poder y exige a las empresas, mediante su comportamiento de compra, que sean más responsables.
Y aunque en los países en vías de desarrollo como México, aún no se ha alcanzado la máxima expresión del poder de consumo, si se han dado avances importantes. Así lo indica un estudio de Vivian Blair & Asociados y Latin America Marketing Consultants, donde para más de 90% de los consumidores y consumidoras de las zonas urbanas de México es importante o muy importante que las empresas actúen de manera socialmente responsable.
El siguiente paso es que demostremos esa preferencia al momento de decidir cómo, dónde y qué consumir. Siga leyendo >>>
Qué fue primero ¿el lenguaje discriminatorio ó la discriminación?
Por Leticia Rebeca Gasca. Un compañero me preguntó “¿por qué tanto interés en el lenguaje incluyente? La idea suena bien, pero no puede generar un cambio real”.
No puedo negar que el comentario me dejó pensando por unos minutos… sin embargo, el cuestionarme la importancia de no emplear lenguaje sexista únicamente reafirmó mi convicción de que expresarnos de forma incluyente es mucho más que un acto de coherencia con la responsabilidad social.
Es importante recordar que los sexismos en el uso del lenguaje no generan por sí solos discriminación. La frase "las mujeres no deberían ocupar cargos públicos" expresa una opinión discriminatoria, pero el lenguaje con el que se formula es correctamente empleado. En cambio, la expresión "las viejas son tan capaces como los hombres para ocupar cargos públicos" sí se trata de un caso de discriminación lingüística ó de sexismos en el lenguaje.
El lenguaje discriminatorio puede ser clasificado en tres casos. El primero es la discriminación léxica, que consiste en la elección de ciertos términos. Además, está la discriminación sintáctica, basada en la forma en que construimos las oraciones. Por último, podemos encontrar la discriminación retórica, que es empleada para persuadir de manera indirecta sobre la inferioridad de ciertos grupos.
Debo reconocer que el lenguaje sin sexismos por sí solo no puede generar un cambio social, sin embargo, sí evita la creación de estereotipos y percepciones erróneas en las generaciones más jóvenes, y además, disminuye la proliferación de discursos de odio.
Un lenguaje cabalmente incluyente, que destierre los discursos de odio, será consecuencia de un triunfo más grande, que traiga consigo auténticas condiciones de equidad para todos. Que haya más mujeres científicas y presidentas; un reconocimiento amplio de las personas a unirse legalmente con personas de su mismo sexo, así como igualdad en las oportunidades laborales para las personas con discapacidad, redundaría en una percepción de las relaciones sociales y en consecuencia en la forma de expresarnos. Así, muchos sexismos en el lenguaje caerían en desuso.
Ahora la pregunta es ¿cómo eliminar la discriminación? Recordemos que la discriminación es una conducta aprendida, en la cual las actitudes pasan de la sociedad a la persona y luego regresan de ésta a la sociedad. Ser más conscientes del lenguaje que usamos tanto de forma oral como escrita es una forma de romper ese círculo.
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Los usos y costumbres pueden ser abusos y costumbres
Por Leticia Rebeca Gasca. Eufrosina Cruz Mendoza es mujer una indígena mexicana, que por el simple hecho de ser mujer y exigir equidad, perdió el derecho de participar, así como de formar parte de su comunidad.
Su historia empezó cuando tenía 12 años y huyó de su pueblo, ya que no quería que su futuro fuera vivir para obedecer a su marido.
Cuando huyó de su comunidad únicamente hablaba zapoteco, con el tiempo aprendió español y logró estudiar Contaduría Pública en la Universidad Autónoma de Oaxaca, a través de becas y de vender alimentos.
Actualmente es supervisora de escuelas de educación media superior en comunidades indígenas, y desea estudiar Derecho en la UNAM.
No obstante, el sueño de Eufrosina Cruz era ser la primera presidenta municipal de su pueblo, sin embargo, no lo logró, ya que es mujer, y esa palabra no está considerada en el catálogo de usos y costumbres que regula la elección de los líderes de su comunidad.
Cuando ella tenía 28 años, decidió postularse en la elección para presidente municipal en su pueblo, Santa María Quiegolani, ubicado a seis horas de la capital del estado de Oaxaca, al sur de México.
A Eufrosina se le permitió contender como candidata porque el presidente municipal en funciones, Saúl Cruz Vázquez, estaba seguro de que, en una elección en que no se aceptaba el voto de las mujeres, la contadora no podría derrotar al sucesor que él había seleccionado personalmente.
Ni siquiera a Eufrosina se le permitió participar en la asamblea, es decir, votar por ella misma. La sorpresa vino cuando el voto empezó a favorecer a la mujer. Por eso, Cruz Vázquez prefirió anular todos los sufragios a favor de ella. Además, la asamblea decidió expulsarla y quitarle sus derechos como ciudadana.
Desde entonces, ha sufrido amenazas de muerte, pero continúa visitando cada semana su comunidad, pero lo hace escoltada por policías, ya que siente que su vida corre peligro. En su comunidad Eufrosina se reúne con un grupo de alrededor de 80 mujeres y 25 hombres que están convencidas de que todos tienen iguales derechos y quieren reclamarlos. Ella desea que a las mujeres se les escuche: que tengan derecho a participar en la vida social y política de su comunidad. A que puedan decidir si van al médico y cuántos hijos quieren tener.
Por ello, Eufrosina Cruz creó la asociación "Un alcatraz por la esperanza", con la cual quiere luchar por los derechos de las mujeres indígenas.
Mientras tanto, el actual presidente municipal de Santa María Quiegolani, Eloy Mendoza Martínez, asegura que su género no fue la única razón para despojarla de sus derechos, aunque reconoce la inexistencia de la palabra mujer en sus usos y costumbres.
"No tiene que ver con su condición de mujer, sino con su actitud, lo que ha dicho de nuestro pueblo, que los hombres son bárbaros y las mujeres agachan la cabeza",
¿Qué son los usos y costumbres?
En México, desde hace 13 años se incluyó en las leyes electorales la modalidad de elecciones por usos y costumbres, en la que una asamblea comunitaria de los pueblos indígenas elige a sus gobernantes.
En Oaxaca, 418 de los 518 municipios se rigen por este proceso. Y en 82 de ellos, la palabra mujer no existe; por lo tanto, se les niega cualquier derecho de participación política. Eufrosina Cruz Mendoza quiere que se respete el derecho de las mujeres a votar y aspirar a cargos de responsabilidad en sus propias comunidades. Quiere que las mujeres no sean ya consideradas como propiedad de los hombres. Quiere que se respete el artículo cuarto de la Constitución Mexicana que establece que los hombres y las mujeres disfrutan de equidad. Recientemente, la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos (CDDH), rindió un "Informe Especial" sobre la "Discriminación a Eufrosina Cruz Mendoza", en el cual giró recomendaciones no sólo a las autoridades del municipio de Santa María Quiegolani, sino también a la Secretaría General de Gobierno (SEGEGO); a la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI); Secretaría de Asuntos Indígenas (SAI) y al Instituto de Desarrollo Municipal (IDEMUN).
El caso de discriminación contra Eufrosina Cruz es uno de los millones que suceden contra las mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Lo que está ahora en nuestras manos es no tolerar que esto siga pasando, ni siquiera esos pequeños actos de discriminación que presenciamos cotidianamente y ante los cuales seguimos indiferentes.
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Lenguaje responsable, también para las personas con VIH
Por Leticia Rebeca Gasca. Las palabras importan porque el lenguaje influye en nuestra percepción de la realidad, determinan nuestra visión del mundo e incluso pueden generar prejuicios y discriminación.
Por ello, y a raíz del comentario recibido recientemente en torno al uso del lenguaje para hablar del tema del VIH y el SIDA me di a la tarea de investigar cuál es el vocabulario apropiado para abordar el tópico.
A fin de cuentas, si somos responsables al no usar sexismos en el lenguaje, esa misma responsabilidad debe permear el uso del lenguaje en su totalidad.
En mi investigación, descubrí que no existe un consenso, aunque quienes han estudiado más el tema coinciden en la importancia de recordar el papel de la persona al abordar el tema del VIH.
Por ejemplo, no es apropiado hablar de "casos de SIDA", ya que el término "casos", deja fuera la perspectiva humana, cosifica y transforma en número la situación de personas y familias específicas. Asimismo, la expresión "víctimas del SIDA" puede dar a entender que quienes viven con SIDA no tienen control sobre sus vidas. Lo correcto en ambos casos es "personas con VIH".
Otra expresión comúnmente usada es "Ceropositivo". Aunque las reglas ortográficas afirman que esta palabra debe ser escrita con "C" este no es el caso, ya que "sero" proviene de Suero que es el análisis realizado en la sangre y positivo refiriéndose al resultado de la prueba. "Seropositivo" es lo ortográficamente correcto, sin embargo, si no estamos hablando desde un punto de vista médico, siempre es mejor decir "persona con VIH".
Además, para evitar que el lenguaje incremente la discriminación, nunca se debe hablar de un "grupo de alto riesgo", sino de "comportamientos de riesgo", ya que todos y todas estamos en riesgo ante la infección por el VIH. Utilizar el término "grupos de alto riesgo" promueve que las personas que no se identifican con ese grupo experimenten una falsa sensación de seguridad, cuando en realidad cualquier persona indistintamente del grupo al que pertenezca puede tener conductas de riesgo. Por ello, es mejor referirse a comportamientos específicos de riesgo como tener relaciones sexuales sin emplear condón.
También es fundamental recordar que "contagiarse de SIDA" es incorrecto. En realidad el VIH es transmitido y luego puede convertirse en SIDA. A diferencia de las enfermedades contagiosas, el VIH no puede ser contagiado ya que no se puede transmitir a través del contacto casual (estornudos, tos o saliva).
Otro error que he leído en varias ocasiones es hablar de que el VIH se transmite por fluidos ó líquidos corporales. Recordemos que no todos los fluidos tienen la carga viral suficiente para transmitir el VIH, como es el caso de las lágrimas, el sudor o la saliva.
Recordemos que las palabras no sólo importan por lo que hacen, sino por los que nos hacen.
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Buenas y mala noticias, cuando el SIDA une al mundo
Por Leticia Rebeca Gasca. Para un segmento de la audiencia, hoy era la primera ocasión que tenían conciencia de estar conviviendo con una persona infectada de SIDA.
Y es que durante esta semana se realiza la Conferencia Internacional de SIDA, y México, el país sede, ocupa, en cuanto a prevalencia de SIDA en adultos, el lugar 23 en América y el Caribe, así como el sitio 94 en todo el mundo. Además, la mayor parte de la población afectada esconde su condición.
Sin embargo, el SIDA en México constituye la cuarta causa de muerte en hombres y la séptima causa entre las mujeres de 25 a 34 años de edad.
Al menos, el evento inició con buenas noticias. El Presidente Felipe Calderón, anunció que se eliminaban los requisitos para introducir al país y comercializar medicamentos retrovirales. También aseguró que el gobierno brindará medicamentos gratuitos a todas las personas que tengan el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida y SIDA.
El compromiso fue asumido frente a 23,000 asistentes, que por el resto de la semana reflexionarán en torno a temas como el acceso universal a medicamentos contra el VIH/SIDA, así como la lucha contra la discriminación y la homofobia.
Se calcula que en 2007 hubo en América Latina 120,000 nuevos casos de infecciones y 70,000 muertes. Y si no actuamos contra la pandemia, se calcula que para 2015 alrededor de 3.5 millones de personas vivirán con VIH y SIDA.
Por ello, este es un excelente momento para recordar el sexto Objetivo de Desarrollo del Milenio: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades. El tema es prioritario para la ONU ya que esta enfermedad se ha convertido en la principal causa de muerte prematura en el África subsahariana y en la cuarta causa de muerte a nivel mundial.
VIH/SIDA, desarrollo humano y discriminación
Además, el SIDA es un freno para el desarrollo, ya que la enfermedad merma la salud de la población en sus etapas de vida más productivas, afectando no sólo su calidad de vida, sino la de sus dependientes económicos. Asimismo, el SIDA está dejando huérfanos a un número de infantes sin precedentes. Así, la discriminación que enfrentan quienes la sufren, y la ignorancia en este tema que prevalece en la mayor parte de la población, dificulta el acceso universal a los tratamientos, así como la prevención de la enfermedad.
Se preguntará, ¿qué puedo hacer yo ante el reto del SIDA? Lo más coherente que podemos hacer es jamás tolerar la discriminación y no permitir que gane la ignorancia, ya que ésta afecta a los que han sido infectados y aumenta el riesgo de contagio para los que viven sin el virus.
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Albanesas dicen adiós a llevar vida de hombres
Por Leticia Rebeca Gasca. Recientemente inicié un curso en Desarrollo Humano con enfoque de género. El principal resultado ha sido una consciencia mucho más crítica y analítica en estos temas, a tal grado que ciertas noticias quedan en mi mente por días, en particular una nota elaborada por Dan Bilefsky que expone la influencia del género en los procesos sociales.
La nota inicia narrando la historia de Pashe Keqi, una mujer quien hace 60 años “decidió convertirse en hombre”. A continuación copio los fragmentos más representativos:
“Se recortó sus largos rizos negros, cambio su vestido por holgados pantalones de su padre se armo con un rifle de caza y prometió que se abstendría del matrimonio, de tener hijos y sexo. El padre de Keqi fue asesinado en una rencilla familiar… Ella vivió como un hombre en el régimen comunista de Enver Hoxha para vengar la muerte de su padre. Vivió como patriarca con la autoridad de un hombre.
En la sociedad conservadora de la región rural de norte de Albania, intercambiar sexos fue considerado durante siglos una solución práctica para una familia con carencia de hombres. Renunciar a su sexualidad comprometiéndose a permanecer vírgenes era una manera para que estas mujeres que vivían en un mundo dominado por hombres, se involucraran en la vida pública.
El papel de la virginidad jurada nació de la necesidad social en una región agrícola azotada por la guerra y muerte. Si el patriarca moría sin herederos varones, las mujeres podían encontrarse solas e indefensas. Al hacer un juramento de virginidad, las mujeres podían asumir el papel de los hombres como cabeza de la familia, portar un arma, poseer propiedades y moverse LIBREMENTE.”
Dan Bilefsky concluye con un comentario de Caca Fiqiri, sobrina de la última virgen jurada de aquella aldea, quien explica: “Ahora los hombres y las mujeres son casi iguales. Respetamos mucho a las vírgenes juradas y las consideramos como hombres debido a su gran sacrificio. Sin embargo, ya no hay estigma en no tener un hombre en la casa”.
Cada quien llegará a sus conclusiones, en esta ocasión me quedo sólo con preguntas:
¿Existe el riesgo en la actualidad de replicar sistemas como la “virginidad jurada” en búsqueda de la equidad?
En cuanto a la capacidad de agencia de las mujeres que se “convertían en hombres” ¿realmente expandían sus libertades? ¿efectivamente impulsaban su propio desarrollo humano, así como el de sus familias?
¿Qué procesos ocurrieron para expandir la libertad de las mujeres del norte Albania al punto de transformar a la “virginidad jurada” en una práctica obsoleta?
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¿A quien afecta más el cambio climático? En búsqueda del balance entre cambio climático y combate a la pobreza
Por Leticia Rebeca Gasca. En una gran cantidad de países en vías de desarrollo, las actividades agrícolas, forestales y pesqueras representan la principal fuente de empleo de la mayor parte de la población que vive en situación de pobreza.
Y son precisamente estas actividades las que están siendo, y serán más afectadas por el cambio climático.
Por ejemplo, la agricultura representa 35% del Producto Interno Bruto (PIB) de la India, y sostiene a 75% de la población.
Por ello, no es de sorprender que la mayoría de los distritos que son más vulnerables al cambio climático sean a la vez, aquellos con la mayor cantidad de pobreza crónica.
En muchos casos, la adaptación al cambio climático y la promoción del desarrollo pueden actuar como una sinergia que reduce la vulnerabilidad ambiental y social.
Y paradójicamente, las políticas públicas encaminadas al desarrollo pueden tanto incrementar como disminuir la vulnerabilidad hacia el cambio climático.
Inclusive, algunos consideran que entre las principales causas del cambio climático destaca el desarrollo no-sustentable.
Un ejemplo de que el desarrollo y la adaptación pueden ir de la mano, se demuestra con el acceso al mejoramiento en las condiciones de irrigación agrícola y fertilización de las tierras de cultivo.
Por ejemplo, Winchester considera que la mejor forma de reducir la vulnerabilidad de la población del sur de la India contra los ciclones e inundaciones consiste en mejorar la situación socioeconómica, asegurando que sus ingresos provengan de diversas fuentes (no únicamente la agricultura).
Sin embargo, no siempre es posible forjar una relación ganar-ganar entre el desarrollo y el cambio climático. Un claro ejemplo se presenta en algunos países de África, donde por influencia de donantes, gobiernos y organismos internacionales se ha reformado la legislación en torno al agua.
Estas reformas podrían llegar a reducir el acceso de la población más marginada al líquido, enfrentándolos a una situación de mayor vulnerabilidad.
He aquí la importancia de identificar y analizar los conflictos de intereses entre el desarrollo y el cambio climático.
Asimismo, al momento de incrementar la producción de alimentos es importante buscar un balance entre las estrategias de reducción de la pobreza, y la preservación del medio ambiente.
Conway identificó cinco categorías para generar resistencia y capacidad de adaptación ante los cambios climáticos:
1. Diversificar las fuentes de ingreso, sobre todo en zonas rurales.
2. Fortalecer la organización institucional, mediante sistemas de alerta, así como el mejoramiento en las redes de comunicación.
3. Proteger el medio ambiente. En el caso de India se recomendó hacer énfasis en los manglares y la conservación de los recursos hídricos.
4. Impulsar el mejoramiento del campo y la agricultura, apoyando la diversidad de cultivos y desarrollando variables más resistentes a sequías e inundaciones.
5. Preparar a las zonas vulnerables a inundaciones (como el estado de Tabasco en México), mediante modificaciones a la infrestuctura de las ciudades.
La única concusión certera es que el cambio climático constituye un reto para el logro de los Objetivos de Desarrollo el Milenio (ODM), así como para el desarrollo en general.
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Que no gane la humillación
Por Leticia Rebeca Gasca. Hace tiempo, reflexionamos acerca de aquellos indicadores que no han sido considerados dentro de los índices para medir la pobreza.
Y entre los indicadores faltantes, la pena y la humillación que experimentan las personas que viven en pobreza, son parte fundamental para comprender y erradicar a la misma.
Adam Smith, lo denominó “the ability to go about without shame”, ya que estos sentimientos pueden constituir en sí una barrera que perpetúa las condiciones de marginación.
En “Las voces de los pobres”, un estudio del Banco Mundial, son los hombres y mujeres que viven en esta condición quienes hablan del tema. Así, personas de 60 países narran sus vivencias, experiencias, sueños, anhelos y realidades.
Entre ellas destacan las sensaciones que experimentan al recibir apoyos especiales ó al ser identificadas con un segmento de la sociedad que se relaciona con atributos negativos. En muchos contextos, la pobreza se relaciona con la flojera, incompetencia y crimen.
Además, la pena y la humillación inciden en el bienestar psicológico. La pena, por ejemplo, se relaciona con la baja autoestima y la carencia de relaciones interpersonales fuertes. La humillación, por otro lado, se asocia con bajo rendimiento escolar y discriminación.
Pero, ¿en qué consiste esta relación de la pena y la humillación con la dificultad para salir de la pobreza?
Por ejemplo, cuando es difícil conseguir un empleo formal y bien remunerado a causa de discriminación originada por la condición social, se genera un círculo vicioso, donde será imposible conseguir un buen trabajo mientras se siga viviendo en condiciones de pobreza.
Y lo mismo puede ser ejemplificado en ocasiones con respecto a la educación, así como a los servicios legales y de salud. En muchos países, la calidad educativa que se brinda en zonas de bajos recursos es inferior al nivel promedio.
Como comenté anteriormente, a pesar de la importancia de ambos indicadores aún no se han desarrollado métodos cuantitativos para medir su impacto en la población.
Sin embargo, Ophi, la iniciativa de la Universidad de Oxford para el combate a la pobreza, considera que la pena y la humillación originada a raíz de la pobreza puede ser medida analizando la propensión a sentir pena a causa de la pobreza, la percepción de recibir un trato irrespetuoso ó injusto a causa de la condición social ó si ésta afecta las oportunidades de encontrar un empleo ó acceder a servicios educativos, así como los niveles de acumulación de la humillación.
Y así como vale la pena diseñar las metodologías que permitan medir estas variables, también es fundamental que las decisiones que tomamos día a día no perpetúen el círculo vicioso de la pobreza con la humillación, pena y discriminación.
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El "ambientalista escéptico" ataca de nuevo
Por Leticia Rebeca Gasca. En definitiva, ésta será una semana interesante para aquellas personas enfocadas en los temas de desarrollo económico y social, ya que Bjorn Lomborg, "el ambientalista escéptico", convocó a cinco premios Nobel en Economía y un equipo de expertos para reconsiderar las prioridades en nuestro planeta y replantear así el actual Consenso de Copenhague.
Y la polémica de estas reuniones surge quizá del hecho de que el mismo organizador, Lomborg, es un personaje que capta la atención. Por ejemplo, él asegura que se exagera el problema del calentamiento global y afirma que la reducción de las emisiones no es la mejor forma de combatirlo.
Sin embargo, hay quien si cree en él. Por ejemplo, el diario británico The Guardian, lo considera entre las 50 personas que podrían salvar el planeta.
Independientemente de la opinión que se tenga respecto al Consenso de Copenhague ó a Bjorn Lomborg, vale la pena estar al tanto de lo que se concluya al final de la semana, ya que se analizarán temas como la contaminación del aire, subsidios y barreras comerciales, enfermedades, calentamiento global, terrorismo, conflictos armados, educación, género, así como el tema obligado: malnutrición y hambre.
Los expertos (y la experta) que participarán son:
- Douglass C. North, U. de Washington, Nobel, 1993.
- Robert Mundell, U. de Columbia, Nobel, 1999
- Finn E. Kydland, U. de California, Nobel, 2004.
- Vernon L. Smith, U. de Chapman, Nobel, 2002.
- Thomas Schelling, U. de Maryland, Nobel, 2005.
- Jagdish Bhagwati, U. de Columbia.
- Francois Bourguignon, Escuela de Economía, París.
- Nancy Stokey, U. de Chicago.
Ahora sólo queda esperar algunos días para conocer los resultados finales. Y si desea realizar alguna pregunta a Lomborg, puede hacerlo a través del sitio de la BBC.
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Responsabilidad Social ¿garantía de desarrollo?
Por Leticia Rebeca Gasca. Hace un par de semanas tuve la oportunidad de platicar con Héctor Castillo Berthier, un importante emprendedor social, doctor en sociología y experto en temas de juventud.
Su empresa social, El Circo Volador, es una de las iniciativas más exitosas y reconocidas en todo el mundo ya que favorece la construcción de ciudadanía responsable entre la juventud.
Él me narró cómo durante el inicio de su proyecto (que ya lleva alrededor de 20 años en funcionamiento), buscaba el soporte económico de diversas instituciones, y aunque la efectividad de su modelo de cambio social estaba probado en la teoría y en la práctica, la iniciativa no era apoyada ya que otras causas, como el apoyo a la infancia, eran más vistosas para la gente que otorgaba los donativos y patrocinios.
Este caso devela únicamente la punta del iceberg de uno de los grandes retos al momento de implementar programas sociales y medioambientales.
Los métodos empleados para asignar presupuestos a los proyectos de desarrollo impulsados por organizaciones de la sociedad civil (OSC’s) poseen un defecto de fondo: en ocasiones estos montos se destinan a los proyectos más vistosos, no a los que generarán un mayor impacto social ó ambiental.
Por otro lado, debemos reconocer que algunas políticas de responsabilidad social practicadas por empresas obedecen el mismo principio: buscan únicamente generar una imagen positiva de la organización ante la sociedad, lo que no debe ser el fin en sí mismo, sino una consecuencia natural del trabajo bien hecho.
En algunas ocasiones estas iniciativas no son diseñadas ni implementadas por personas expertas en desarrollo social, por lo cual pueden inclusive llegar a generar un daño hacia el grupo que se pretende beneficiar.
Por ejemplo, ciertas compañías llevan obsequios a poblaciones marginadas, principalmente rurales. Sin embargo, al momento en el que aquellos que viven en situación de pobreza se acostumbran a que por su simple condición recibirán apoyos se crea un círculo vicioso.
Ya que la gente no se involucra en su propio proceso de desarrollo y únicamente se dedica a recibir beneficios externos su pasividad se ve fomentada.
Un hecho palpable se presentó hace una década, cuando miles de toneladas de ropa proveniente de las naciones desarrolladas fueron enviadas a África.
El resultado fue que en lugar de impulsarse el desarrollo integral de la zona, éste se vio sumamente afectado y el ciclo económico fue mermado. Las fábricas maquiladoras de ropa, que empleaban a una cantidad importante de población marginada se vieron obligadas a cerrar, ya que la población recibía tanta ropa que ya no era necesario que la comprara.
Así, cuando las campañas de responsabilidad social empresarial así como los proyectos provenientes de las organizaciones de la sociedad civil no son formuladas correctamente, se corre el riesgo de que no se promueva una mejora real y sustentable en la calidad de vida de la población, y únicamente se desperdicien recursos humanos y materiales.
Con todo ello podemos llegar a dos conclusiones. Por un lado, que efectivamente, el impacto de la sociedad organizada es gigantesco y puede ser muy positivo.
Por otro lado, no siempre la responsabilidad social genera un desarrollo social ó sustentable real, por lo cual, debemos identificar aquellas acciones que incurren en “responsabilidad social light”, y no únicamente exigir que las empresas sean socialmente responsables, sino que las actividades que emprendan en estos rubros sean llevadas a cabo de forma profesional y seria.
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Nuevos paradigmas en la medición de la pobreza
Por Leticia Rebeca Gasca. ¿Cómo mediría usted el nivel de desarrollo que ha alcanzado su región? ¿Qué indicadores emplearía?
Muy probablemente, los indicadores que usted considere importantes serían diferentes a los indicadores que emplearía alguien que habite en otro punto del planeta.
Con esta inspiración, el informe de 1990 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) define al desarrollo humano como el "proceso por el cual se ofrecen mayores oportunidades a las personas".
Para llegar a ésta definición se tomó como base el concepto de “desarrollo” como el proceso de expansión de las capacidades humanas, que ha sido formulado por el premio Nobel de economía Amartya K. Sen.
El desarrollo, para Sen, debe estar centrado en la persona y no en los bienes, superando el reduccionismo del “homo oeconomicus”.
El Índice de Desarrollo Humano (IDH) propuesto por el PNUD se basa en tres indicadores: esperanza de vida al nacer como variable de salud, educación medida a través de índice de alfabetismo y matriculación en educación básica, e ingreso mediante el PIB per cápita.
Sin embargo, un estudio denominado “Voces de los Pobres” encontró que quienes viven en situación de pobreza valoran principalmente el empleo, la dignidad, la "libertad de elección y acción" y la "tranquilidad de espíritu".
Y ya que Sen ha llamado la atención repetidamente acerca de las personas como agentes activos, ha surgido el interés por analizar aquellos indicadores del desarrollo social que aunque son considerados como prioritarios por la gente que vive en la pobreza aún no han sido suficientemente estudiados.
La Iniciativa de Oxford sobre la Pobreza y Desarrollo Humano (OPHI) ha identificado cinco áreas clave para la medición del desarrollo, en las cuales existen datos insuficientes:
1. El empleo, particularmente la calidad del mismo así como el empleo informal
2. La potenciación ó empowerment: la capacidad de avanzar en metas
3. La seguridad física, centrándose en la seguridad contra la violencia a la propiedad y a la persona, al igual que contra la percepción de violencia.
4. La capacidad de vivir sin vergüenza, enfatizando la importancia de la dignidad, el respeto y el estar libre de humillación, una dimensión que emerge en la literatura sobre el VIH/SIDA y la exclusión social.
5. El bienestar psicológico, para enfatizar su significado, sus determinantes y su satisfacción.
Ahora bien, es importante regresar a la definición misma de desarrollo humanos y analizar si estas dimensiones que no se han mesurado para medir la pobreza efectivamente aumentan la libertad y la capacidad de elegir.
De lo que no cabe duda es que estas dimensiones están estrechamente relacionadas con la mitigación de la pobreza, e incluso pueden bloquear ó alentar los procesos de reducción de la misma.
Por ejemplo, la mayoría de los países con los IDH más bajos, son naciones que se caracterizan por encontrarse dentro de un conflicto armado ó que lo han superado recientemente.Otro ejemplo, es que la exclusión y la discriminación social de cualquier clase, limita la salida de la pobreza de los excluidos.
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El reto diario de la palabra
Por Leticia Rebeca Gasca. Este espacio se ha caracterizado no únicamente por difundir diversas visiones en torno a la responsabilidad social, sino por promover el uso responsable del lenguaje.
Y emplear la palabra de forma responsable no consiste únicamente en evitar sexismos ó procurar expresar únicamente información que consideramos como verdadera. La responsabilidad al emplear la palabra también recae en el hecho de expresar lo que realmente pensamos sin la influencia de la censura ó de sesgos.
Esta reflexión surge a causa de una experiencia personal: recientemente fui invitada a pronunciar un discurso en un importante evento de una organización acerca de la cual tengo duras críticas, y a la vez un gran aprecio.
Cuando se me propuso participar mi primera reacción fue aceptar. Fue un par de horas después cuando empecé a reflexionar acerca de la importancia de emplear la palabra de forma responsable, es decir, expresando mi verdadero sentir de forma respetuosa, e indicando a la vez mis inconformidades, sugerencias y también buenos comentarios hacia la organización.
Ahora bien, quienes hacen uso de la palabra en público de forma constante y con gran alcance, como son líderes de opinión y personas involucradas en las altas esferas de la política, ¿qué tan responsables son en sus discursos? ¿caen en la demagogia? ¿emiten su auténtica opinión, buscan ser “políticamente correctos/as” ó caen en la censura?
Con este mismo espíritu, también cabe preguntarse qué es prioritario al pronunciar un discurso: que éste sea informativo, emotivo, motivacional…
Y además de cuidar ser responsables al hacer uso de la palabra en público, también es fundamental ser responsables para escucharla y cuestionarla, no aceptar que todo lo que escuchamos ó leemos es verídico ó libre de tendencias…
¿De qué sirven los debates televisivos si la gente no tiene la capacidad de discernir ni analizar el debate dejando de lado la forma del discurso?
El uso responsable de la palabra en su cabalidad se fomenta cuando quienes la escuchan ó la leen poseen un espíritu crítico que invita a cuestionar a quien emite el mensaje así como al mensaje mismo, adoptando una actitud crítica, de apoyo ó indiferencia sólo cuando ya se ha analizado el mensaje.
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Alerta: epidemia de hambre
Por Leticia Rebeca Gasca. Una de las premisas para el desarrollo social es convertir a la población beneficiada en protagonista de su propio desarrollo. Es decir, invitarla a capacitarse, brindarle oportunidades laborales, ayudarla a planear y gestionar sus propios proyectos: enseñar a pescar y no obsequiar el pescado.
Sin embargo, en ocasiones quienes deberían protagonizar y promover su proceso de desarrollo no pueden lograrlo ya que no pueden siquiera satisfacer lo que Abraham Maslow determinaría como sus necesidades más fundamentales, tales como la alimentación.
Para que el desarrollo social pueda ser promovido mediante un sistema autogestivo, se requiere como condición básica que la población pueda proveer sus propios alimentos, y cuando esto no es posible (como en numerosos sitios de Africa y el oriente), agencias internacionales como la ONU proveen a la población de alimentos.
Y ahora que el precio de los alimentos ha aumentado de forma veloz, ésta labor humanitaria es casi imposible, incrementando la probabilidad de una epidemia de hambruna en las naciones que presentan los índices de desarrollo humano más bajos.
Así, el precio internacional del arroz se ha duplicado en los últimos 12 meses, el precio del maíz ha aumentado 68% y el del trigo 92%. Producir alimentos es cada vez más costoso, y el empleo de ciertas semillas para la producción de etanol (principalmente el maíz) ha incidido en el juego de la oferta y la demanda, aumentando por consiguiente su precio.Y la pregunta es, ¿qué hacer para detener las presiones inflacionarias en el precio de los alimentos?
La respuesta se centra en tres puntos. El primero es promover la producción de etanol a partir de la caña de azúcar y no de maíz. El segundo es comer menos carne. El tercero es retomar ciertos proyectos de producción de energía nuclear.
Entre estas propuestas quizá la más desconcertante es la relacionada con el consumo de carne, sin embargo, opera bajo una lógica contundente. La producción de carne requiere gran cantidad de agua, granos y energía.
La mayor parte de las naciones desarrolladas y bastantes países en vías de desarrollo somos “carnívoros” culturalmente hablando, incluso, consumimos mucha más carne de la que requerimos.
Al conocer el gigantesco potencial de la sociedad civil organizada y unida por un objetivo común tengo la convicción de que si cada vez somos más las personas que optamos por consumir menos carne, podemos generar una cadena que promueva el descenso en el precio de los alimentos. Así, permitiremos que la población más marginada resuelva sus necesidades alimentarias, y además evitaremos el desperdicio de recursos tan importantes como el agua y la energía.
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